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«Cuaresma es el camino de la esclavitud a la libertad», homilía del Papa en el Miércoles de Ceniza

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Marzo 2017.-

«La cuaresma es el camino de la esclavitud a la libertad, del sufrimiento a la alegría, de la muerte a la vida», lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa del Miércoles de Ceniza, con la cual inicia el tiempo litúrgico de la Cuaresma y que presidió en la Basílica de Santa Sabina, ubicada en el barrio romano del Aventino, después del acto penitencial y de la tradicional procesión de fieles que partió desde la cercana Iglesia de San Anselmo.

Profundizando sobre el sentido de la imposición de las cenizas, el Santo Padre explicó que se trata de un gesto que nos recuerda nuestra condición original: «hemos sido tomados de la tierra, somos de barro…sí, pero barro en las manos amorosas de Dios, que sopló su espíritu de vida sobre cada uno de nosotros y que quiere seguir dándonos ese aliento de vida que nos salva de otro tipo de aliento», añadió el Pontífice, citando nuestros egoísmos humanos, nuestras mezquinas ambiciones y nuestras silenciosas indiferencias, como algunos ejemplos prácticos de la vida diaria que asfixian y «ahogan el espíritu cristiano, reduciendo nuestro horizonte y anestesiando el palpitar del corazón».

No obstante, el Sucesor de Pedro propuso un camino de esperanzamediante el cual podemos liberarnos de esa asfixia: «el aliento de la vida de Dios que es más fuerte que el aire sofocante de tristeza, pánico y aversión al cual el hombre de hoy se ha acostumbrado».

«Y ese camino comienza con la Cuaresma», insistió Francisco, un tiempo de preparación para la Pascua enfocado desde la perspectiva de tres puntos fundamentales:

-Cuaresma como un tiempo para decir no. No a esa asfixia del espíritu, no a la indiferencia, no a las palabras vacías, críticas burdas; no al rechazo del prójimo.

-Cuaresma como un tiempo de memoria, de pensar y preguntarnos… ¿qué sería de nosotros si Dios nos hubiera cerrado las puertas?

-Y por último Cuaresma como tiempo para volver a respirar. Es el tiempo para abrir el corazón al aliento del único capaz de transformar nuestro barro en humanidad. «Nuestro barro, que por la fuerza del aliento de vida de Dios, se convierte en barro enamorado», concluyó el Papa.

Con información de Radio Vaticana

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